miércoles, 8 de junio de 2016

VIDA. ALMA

Se me fueron las ideas
Las palabras se me agotaron
El alma, me ilumina
Y el corazón, me estalla.

Perdido ando
En no se que tramas
Por este mundo podrido
Sin ganas de nada, nada.

¿Cómo salvo esto?
¿Cómo supero las desganas?
¿Cómo alegro mi vida?
¿Cómo suspirar con mi alma?

Me levanto y miro
Miro al horizonte,  al alba
Y al alba le prometo
Superar las desganas

Horizontes claros y azules
Horizontes llenos de esperanzas
Esperanzas que anhelo
Dulces encuentros al alba

Benditos sean
Horizontes claros y azules
Alma llena de ganas
Corazón henchido
Y albas a las esperanzas

Bendita tú, vida
Tú, alma
Tú, alba
Bendita, bendita,
Benditas las ganas

Las ideas, florecen
Las palabras,  tracan
Las esperanzas, rejuvenecen
Ya se en que tramas

Vida, vida, vida
Alma, alma, alma


Simón Candón 14/08/09

miércoles, 24 de febrero de 2016

HOY TE HABLO






Hoy, te hablo, muerte.

Yo, vida, te hablo, muerte.

Yo, vida, siempre contigo  de compañera.

Yo, vida, no te quería

Tu, muerte, me necesitabas

Caminamos día y noche juntas

Yo, vida, sin mirarte.

Tú, muerte, observándome.

Yo, vida, queriendo vivir.

Tú, muerte, queriendo morir.

Condenadas a entendernos

Yo, vida, para vivir.


Tú, muerte, para morir.

jueves, 31 de diciembre de 2015

MI AMIGO PACO



En un parque de esos nuevos creados como parte integrante de las nuevas urbanizaciones de las ciudades y de los pueblos en donde el urbanismo se humaniza un poco más, nos encontramos dos viejos amigos sentados al sol mañanero, para despejar, por unas horas, una habitación cargada de silencios obligados.  

Damos vueltas y vueltas por el perímetro del parque tratando de coger esos rizos de luz que no se atreven a entrar en esa habitación, donde el amigo Paco pasa el mayor tiempo del día con miradas y oídos atentos a cualquier movimiento que se produzca en ella.

La mañana es apacible. El Sol destella. La Naturaleza se pavonea en su esplendor y nos invita a caminar tranquilos. Ni un alma en el Parque. Solo nos acechan los pinos y los bancos vacíos. De vez en cuando, alguien pasa y le pedimos que nos haga una foto para el recuerdo, para continuar solos en medio del Parque. Mi amigo Paco, no habla, pero lo dice todo. Mi amigo Paco, no anda pero camina por todos los sitios. Mi amigo Paco es sensible y se emociona. Mi amigo Paco es agradecido y me da muchas de sus sonrisas. Me meto con él y le digo cantidad de tonterías y como respuesta me da su afabilidad. Veréis, os contaré lo que hacemos antes de llegar al Parque. Antes de salir de su casa, de esa habitación en donde los rayos de oro no se atreven a entrar, le digo: ¡venga amigo Paco, dame ese abrazo de amigo para sentarte en el carro, que nos vamos de paseo!, y me da ese primer abrazo de amigo; Una vez dispuestos para salir, reclama su gorra, sus gafas de sol, su bufanda y sus zapatillas de paño para resguardarse de las "rascas" de los fríos mañaneros; listos ya para salir, cogemos los dos la rampa que está entre la puerta de la casa y la calle y al salir de ella, nos espera una serie de vericuetos entre calles, plazas, avenidas e incluso, carril bici, que por estos lares está de moda, para llegar al Parque y mientras hacemos esos recorridos, le voy canturreando y tarareando canciones de nuestros tiempos para así hacer más ameno los trayectos. Ya en el Parque, los dos, recorremos una y otra vez el mismo camino de ida y vuelta, como los cantes, con el acompañamiento de los pinos y sus sombras, los saltitos de los gorriones y los trinos de jilgueros, y todos al unísono nos complementamos en la soledad. Nuestro universo se calienta al paso de las horas y casi, casi que nos van sobrando las prendas de abrigo que llevamos puestas. Dejamos de andar y nos vamos derecho a uno de esos bancos vacíos para hacerle un poco de compañía. Allí, en el banco, junto a él y sentado, abro mi bolso y cojo uno de los libros que llevo conmigo, en esta ocasión, se trata, de "La gracia de los toreros y de sus acompañantes (anecdotario)" de D. Manuel Barbadillo y le leo a mi amigo Paco, cantidad de anécdotas e historias del mencionado libro para terminar con  aquello de: " Recogemos este pensamiento del Gallo, digno en verdad de recuerdo:

"Amigos con quienes se puede hablar, hay muchos; pero amigos con quienes se puede estar callado, muy pocos".

Terminada la lectura y después de un merecido reposo al sol, nos alejamos poquito a poco del banco y damos la última vuelta con el acompañamiento de los pinos y sus sombras, los saltitos de los gorriones y los trinos de jilgueros, y todos al unísono nos complementamos en la soledad del Parque para volver, de nuevo, por los vericuetos de calles, plazas, avenidas, incluso carril bici, que por estos lares está de moda, para llegar a la rampa y de ahí, a la habitación cargada de obligado silencio, en donde mi amigo Paco me da el abrazo de amigo para postrarlo en la cama y decirle hasta el año que viene (quedan horas para que esto ocurra)

El Parque, también se quedó en el silencio con sus pinos y sus sombras, sus bancos vacíos y de vez en cuando, con alguien que pasará por él y espantará a los gorriones dando saltitos y acallará los trinos de los jilgueros hasta el próximo día, que también será otro año, donde estaremos solos y quizás pase alguien a quien le pidamos que nos haga una foto para el recuerdo.


Simón Candón 31/12/2015

martes, 29 de septiembre de 2015

OLORES PROFUNDOS


Hoy, como muchas mañanas, he salido a andar, por eso "del colesterol", que ya la edad va haciendo sus mellas. Cada mañana me propongo hacer un itinerario completamente distinto para así experimentar nuevas sensaciones, bien urbanos o bien campestres. Los urbanos son más tristes. mucho cemento, mucho asfalto, mucho carril bici, mucho ruido, mucha luz artificial, mucho desconcierto, mucha prisa. Me gustan más los campestres, porque veo las distintas floraciones que muestra la naturaleza, los juncos, las palmas de los palmitos, las albinas, las eneas, los cañaverales, las moreras, las zarzas moras, las chumberas con sus higos chumbos, los juncos, los amaneceres silenciosos rotos por los trinos de los pájaros, la tierra seca arada a vueltas en porciones, la tierra mojada con las lágrimas del cielo, el olor distinto que penetra hasta el fondo de todos los sentidos, que lo palpa, que lo mastica, que lo saborea.

Hoy, como muchas mañanas, he salido a andar. El itinerario de hoy ha sido urbano. El itinerario de hoy, tenía como objetivo, ver, comprobar, recordar y trasladarme al pasado de mis pasos por ese camino, que durante el año lectivo  63-64 del pasado siglo estuve haciendo día a día. Todo es distinto. Todo ha cambiado. Nada es igual. Camino, entonces, de tierras secas o mojadas, según fuera Otoño, o Invierno, o Primavera, con las huellas en las mismas de las pezuñas de las vacas, de los caballos, de las cabras o de las ovejas, llenas o vacías de agua. Camino, entonces, de tierras salteadas de gramas silvestres cubiertas de rocío, de sombras vivas de hojas verdes y alfombras amarillas y pardas de hojas muertas. Camino, entonces, de olores que quedaron para la eternidad en lo más profundo de mis sentidos. Cuando caminaba, entonces, por él, según la estación, o me escondía  entre las sombras de los rayos de la eterna caldera, o corría al refugio de los troncos de los árboles para evitar empaparme del zumo que desprendían las nubes colgadas del cielo, o tan panchamente caminaba sin más protección que la manta celeste del cielo, curioseando en el suelo los papeles desparramados y cogiendo los pliegos usados de papel carbón de copia gastado, que yo utilizaba en mis deberes.

Hoy, como muchas mañanas, he salido a andar y he caminado. He caminado por el de entonces,  que se ha convertido en el de hoy. No he percibido aquel olor de tranquilidad.  Nada de barro. Nada de pisadas de pezuñas de vacas, de caballos, de cabras o de ovejas. Nada de alfombras vivas o muertas. Nada. Nada de olores naturales profundos. He salido de casa, he llegado hasta donde estaba la puerta del colegio y he regresado por el mismo camino, el de hoy, lleno de cemento, de luces artificiales, de carril bici, de asfalto, de ruidos, de desconcierto y de prisas. 12.170 m. a una velocidad media de 6,38 km/h. Tiempo en recorrerlo 1:54:30. Todo, según Endomondo Sports. 1250 kcal. de menos.

Hoy, como muchas mañanas, he salido a andar. Se han cumplidos los objetivos. He visto. He comprobado. He recordado y me he trasladado al pasado. Nada es igual. Todo es distinto.  Y sin embargo, al hacer el recorrido hoy del camino de entonces y llegar hasta la que fue la puerta del colegio de los salesianos de Divina Pastora, se me han venido todas las fragancias de los olores profundos de todos mis sentidos.

Mañana, quizás, haré otro camino, pero, posiblemente sea campestre con olor a tierras mojadas porque aquí, ahora, empieza a llover. 


Simón Candón 29/09/2015

martes, 22 de julio de 2014

EL SUR, EL SUR, EL SUR, SIEMPRE EL SUR.


El Sol abrasa estos días de verano, donde la noche, acompañada de la Luna, tarda más tiempo en tragárselos y así, sofocar ésta,  la ira de sus rayos.

Y andamos escondidos entre las sombras de la naturaleza para que no nos vea. Echamos manos de miles de artilugio para pasar desapercibidos de la fuerza de sus rubios hilos hirientes y tratamos de evitar el hedor flatulento asfixiante que emite la caldera del universo.

Entre las grietas de los peñascos emergen surtidores de vida que caen en cataratas mansas o torrenciales para discurrir serpenteando entre la naturaleza.

Las arenas de distintos colores que bañan los mares y océanos, desafían a las olas furibundas que las arrastran, en esa pelea, al fondo de sus entrañas.

La Luna, se hace grande y se llena de luminosidad en la oscuridad para alumbrar con la calma que le da ser intermediaria y refleja su cara de gozo y orgullo en el cristal de los ríos, de los mares y de los océanos.

Todavía no hemos llegado a alcanzar la mitad del verano y nuestros cuerpos, cual manantiales de aguas saladas, empapan las prendas que nos protegen de la mirada del rescoldo de las ascuas de furia.

Y así, las manillas de los tiempos marcan el gatear entre los días y las noches de verano en donde la luz del Sol se alarga  y la luminosidad de la Luna la prolonga en sus noches de bohemias, que son todas.

El Sur, el Sur, el Sur,  siempre el Sur. Luminoso y juguetón. Abierto y trasparente. Mezcla de culturas y tolerante. Amigo de todos y enemigo de nadie. El Sur, el Sur, el Sur, siempre el Sur.

En el Sur, el flamenco en todos sus palos, el cante jondo dio un grito, lloró la petenera, la bulería fue por fiesta, el “quejío” rompió las fronteras y se hizo universal.

El fino, la manzanilla, el oloroso, el palo cortao, el medio bocao o el bocaito o la tintilla,  todos del Sur entre tierras albarizas con olores añejos, vientos de levante y mareas de aguas saladas del Sur, en estos días de verano donde el Sol abrasa, la Luna se hace grande y se llena de luminosidad en la oscuridad, nuestros cuerpos empapan las prendas que nos protegen, aquí, en el Sur, mezcla de culturas, amigos de todos, enemigos de nadie, el “quejío” rompió las fronteras y se hizo universal.

El Sur, el Sur, el Sur, siempre el Sur, universal y eterno.


Simón Candón 22/07/2014 

viernes, 2 de mayo de 2014

MI CRISTO ROTO



Han pasado unos días desde mi vuelta de Roma, aunque lo que voy a escribir me viene runruneando en mi cabeza desde mi visita a la misma y al Vaticano, y he tenido el tiempo suficiente para sosegarme y reflexionar sobre lo vivido y visto en esa Ciudad Eterna, llena de ampulosidad, de misterios, de arte,  de belleza, de imperio y de grandeza, lo mismo que el Vaticano en su expresión de riqueza más absoluta, buen gusto y derroche de perfección y exquisitez humana.

Pero no quiero hablar ni escribir sobre eso. No. Todo visitante a estos lugares dirán cosas parecidas y sin son sensibles a las artes, a las esculturas y a las arquitecturas, convendrán en enaltecer mucho más la visión de lo que hay allí.

Allá por la década de los años sesenta del siglo pasado oí por primera vez una alocución del padre Ramón Cué, J.S., sobre un Cristo Roto. Cristo Roto que encontró en la casa de los artistas de Sevilla, después de estar buscando algo parecido, entre chatarras, zapatos viejos, botas militares, cinturones de cuero, cuadros sobre mantas y en el suelo, etc., por el mercadillo de El Jueves, de Sevilla, del que era gran asiduo, con el que mercadeó regateando el precio con el anticuario porque le pareció caro lo que le había pedido por el mismo, uno aduciendo que eso estaba mutilado de una pierna, de un brazo y la cara la tenía partida, y todo esto sin cruz, y el otro, que era una magnífica pieza de arte inigualable. Al final, llegaron a un acuerdo, en donde se pedían tres mil pesetas, se quedaron en ochocientas. Una vez el jesuita en su casa a solas con el Cristo Roto, reflexionó y le habló sobre sus miserias y su comportamiento en la compra-venta. Se le vino a la mente Judas y su beso y más consideraciones. A partir de entonces, este hecho, me marcó en mis comportamientos y actitudes, decidiendo seguir los pensamientos y conductas del Cristo Roto a las enseñanzas de la Iglesia Oficial, donde como creyente y estudiante me encontraba en esos momentos. La farsa me superaba con creces y el Cristo Roto me cautivó.

Pasados los años, concretamente en el dos mil diez, me encuentro con otro Cristo Roto. Sí. Un Cristo que estaba en el muro de la capilla del Seminario  Menor de Sevilla, en Pilas,  al que tenía por testigo de mis rezos y plegarias estudiantiles con la visión puesta en ser portador de su palabra al mundo, del que desistí por aquello del jesuita y su Cristo Roto. El Cristo había sido descolgado innecesariamente de su lugar por los llamados Kikos, posiblemente porque les molestaba su presencia crucificada en aquel espacio, poniendo en su lugar un fantoche de mal gusto parecido a una tarjeta postal de grandes dimensiones con colores chillones, y en ese acto, lo desprendieron de la cruz, lo mutilaron del brazo y otras partes y lo desecharon entre almohadas y colchones viejos, sillas rotas, bancos destrozados y otros objetos usados e inservibles, dejándolo en el olvido. Casualmente, por aquello de la curiosidad, mi Amigo José Manuel, lo vio, me lo dijo y hoy está en un taller para su restauración y para volverlo a colocar en el sito de donde nunca debió ser quitado.

Y estos Cristos Rotos, aunque imágenes de piedra, me hicieron sentir extraño en esa Basílica de San Pedro en el Vaticano y su Museo donde se manifiesta el poder y la vanidad humana,  en donde se manifiesta todo lo contrario al Cristo verdadero, a ese Cristo Roto por el desprecio que hacemos los humanos de nosotros mismos, a ese Cristo Roto y humano y rebelde que se rebela con todo lo establecido, por ser injusto, tachándolo de mentiras, falsedades, hipocresías e injusticias, y en donde su templo es la calle, o los mercadillos como El Jueves de Sevilla y permanece entre chatarras,  zapatos viejos, botas militares, cinturones de cuero, cuadros de desechos, o almohadas y colchones viejos, sillas rotas, bancos destrozados y otros objetos usados e inservibles,  donde realiza sus enseñanzas y muestra su cara más humana de un hombre comprometido y dado a los demás hasta que lo coge, lo atrapa, lo acurruca alguien y a solas con él, le cuenta sus miserias y su complicidad en los actos de su mutilación.  Me sobrecogió tanta carga de riqueza material de una Iglesia que predica la humildad y la pobreza. Me embargó tanta rabia ver lo que estaba viendo, que lo vivido en esos días, me confirmó mi creencia humana en el Cristo Roto. Por eso, pasado los días y el tiempo suficiente que pudiera provocar el acaloramiento de tanta miseria en la exaltación de las riquezas y en todo el boato que conlleva ese Estado del Vaticano, que nunca debió existir como tal, me reafirmo en el que Dios es cosa de religiones y poderes fácticos e interesados por unos pocos para dominar a los demás y creo firmemente en ese Cristo Roto de amor, rebelde, comprometido, amante de la justicia, rompedor, ejemplar con sus hechos, enseñante, cercano, verdadero y humano. Mi Cristo Roto. Mi Cristo y… si queréis que a este Cristo Roto, mi héroe, le llame Dios, lo hago en la creencia de su compromiso y entrega para con todos.

Las “religiones”, no me interesan y sus boatos, menos.

Simón Candón 16/04/2014 

sábado, 21 de septiembre de 2013

NO ES UNA PERSONA CUALQUIERA



Estoy olvidadizo. No sé desde cuando no escribo. O tal vez la desgana me invade y las dos afirmaciones primeras no son ciertas y sí lo hago.

Qué se yo.

Es tan raro todo esto.

Me digo de empezar y sin embargo cuando lo intento, lo dejo para más tarde.

Y luego… para que ese más tarde se convierta en un tiempo indeterminado, o en un instante, o en  un ¡ya!, o que el uno o el otro, sea fundamental para acometer la tarea. Dos situaciones extrañas que chocan y provocan un chispazo para prender el fuego de la palabra escrita en una hoja en blanco, que por su generosidad, admite lo que sobre ella ponga, sin lamento ni alegría, sino con el acogimiento de ser bien recibida esa palabra escrita llena de fuego, o de miseria, o de desgana, o de entusiasmo, o de alegría, o vete a saber de qué puñetas.

Es tanta la rabia de la impotencia, que la fuerza de ésta se desvanece en el vacío de la locura.

Es tanta la locura de la desgana, que la impotencia acusa  el desfallecimiento de la fuerza. 

Y la locura repleta de misterio, no hace más que dar vuelta y vuelta en esa nebulosa de galaxia de pensamiento en donde existe el orden y la cordura en ese puntito luminoso que llena la vida.

Y así, empezó todo. Despacio y sin que se diera cuenta. 

Muchas miradas distraídas o perdidas en no se sabe qué o en donde. Poco a poco los movimientos ágiles, se tornaron torpes sin saber sus causas y tampoco tuvo preocupación o conciencia para averiguarlo. Se distraía con el  ruido que hacía con la manipulación de las bolsas de plástico y volvía mil veces al mismo lugar para ver no se qué y trastear  las mismas cosas para dejarlas en el mismo orden en las que las encontraba.

Mil veces el mismo rito. Mil veces. Mil veces miradas distraídas y perdidas y mil sonrisa como escusa  en un caminar sin saber a dónde iba.

Más adelante, los pasos se le fueron haciendo más cortos y el deterioro se le vislumbraba cercano.

Su cuerpo le empezaba a gastar malas pasadas y le entorpecía sus movimientos. 

El conocimiento de las personas y de las cosas, se le hacía cada vez más cuesta arriba y le costaba distinguirlas y lo suplía siempre con una sonrisa el olvido.

Las pequeñas cosas, se le fueron haciendo montañas… hasta que llegó el día en el que su cuerpo dejó de obedecer las órdenes de su conciencia porque ésta se quedó parada en el mundo perdido de lo infinito.

Y así, su cuerpo y su conciencia se quedaron encerrados para siempre en la nebulosa de la fuerza de la desgana y la locura y el desfallecimiento de la impotencia de la rabia
.
Nunca más supo de sí y sin embargo parecía que su mirada esperaba algo, algo de los demás. 

Los demás, siempre pensaron que nunca se dio cuenta.

Pero a los demás, siempre se les quedó la duda.

Y a este azote que cada vez gana más terreno, se le llamó: Alzheimer.

simón candón  22/09/2013